Plumas

Aun intentando no parecer satírico es imposible no reír ante la perplejidad del ser humano, imponiéndose a vidas inferiores a el únicamente por dominación, por conquista. Y nos jactamos de haber dejado atrás un tiempo en el cual eramos como ellos. animales, pero seguimos sin encontrar el Santo Grial de la paz en nuestra era, y en el camino de su búsqueda innumerables criaturas perecen para nuestro goce y deleite. Granjas donde se crían animales con el único fin de exterminarlos, y en lugar de apenarnos los financiamos. Un alma es un alma, y cada día se pierden miles sin brazos ni piernas. Sin nombre y sin procedencia, seres cuyo único fin es morir, como nosotros, pero sin la posibilidad de pecar en el camino.

Somos pacificadores, palabra que muchos suelen confundir con exterminadores. Por cada vida que creamos, incontables sacrificamos, y aún así hay quien cree que son santos. La moralidad del ser humano solo le deja ver lo que es conveniente para uno mismo, y, por lo visto, son pocos quienes escuchan las lágrimas de aquellos que no tienen voz para quejarse. Tan podridos por dentro que solo la riqueza satisface sus deseos, la peste y la maldición de nuestro mundo, la libertad.

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